Un polvo telefónico

Por Daniela Mendoza

 

Autora: Vivianne

 

Había conocido a un chico de otra ciudad, fue pura casualidad, desde el primer momento nos caímos super bien y parchábamos como amigos, era muy cómodo estar con él. Tuvo que volver a su ciudad por estudio, pero seguimos comunicándonos por mensajería y de vez en cuando, una llamada.

Al poco tiempo nos dimos cuenta que se estaba convirtiendo en más que ser amigos, trasnochábamos escribiéndonos, conociéndonos, diciéndonos piropos y poco a poco nos empezamos a tirar los perros. Naturalmente empecé a pensarlo de una forma más íntima y para hacérselo saber.  Le empecé a mandar fotos que insinuaran más de la cuenta, quería que mordiera el anzuelo y a él le encantaban, me decía como se la ponían dura y eso me hacía sentir riquísima.

Finalmente, una noche mientras chateábamos empecé a hablarle más sexy, el por supuesto me copió de una; yo le contaba cómo me gusta que me besen y me toquen, lo que  prefiero en la cama. Los dos estábamos prendidos, pero no era suficiente; mientras escribía un mensaje, recibí su llamada que me hizo sonrojar, yo estaba en mi cama sentada a oscuras y al escuchar su saludo, me subí de tono, puse la voz un poco ronca y consentida, quería que supiera que era suya.

Rompimos el hielo con un par de bromas y de pronto comenzó a describir todo lo que me quería hacer, besarme la boca y meterme la lengua suave, ponerme las manos bajo la ropa y subirme la camisa lento, hasta llegar a mis senos. Para ese punto yo ya estaba muy excitada, me había tirado en la cama con las piernas abiertas, respiraba un poco más agitada, le dije que quería tocarme mientras él me decía todas esas cosas ricas.

Su voz me tenía en las nubes y comencé a mover la cadera despacio, el rose de mi ropa interior me hacía desear que mi amante telefónico estuviera pasándome su pantalón sobre mi vulva ; que me quisiera comer tan rico, me hizo mojar hasta los cacheteros, yo no aguanté, mientras con una mano sostenía el celular, con la otra empecé a tocar mis senos, mis pezones firmes, tibios y los acaricie un momento rodeando toda la punta con mi dedo índice, bajé por mi abdomen y apreté un poco mi cintura hasta llegar al short de mi pijama, lo ajusté contra mi clítoris para rosar mi ropa por última vez.

Le conté a mi chico lo que estaba por hacer, quería que me acompañara y en tono de orden le dije que se tocara conmigo, que me dijera como se sentía ese pene delicioso entre su mano. Quería imaginarlo con todo detalle, quería que su punta se fuera mojando entre mis labios mojados, así como lo estaban mis dedos en el momento en que los metí a mi vagina, apetitosa de su verga.

Ambos subimos el ritmo, nos acompañábamos de gemidos y jadeó, no podía soportar más la ropa en mi cuerpo, así que me desnudé y me puse boca abajo. Le dije que deseaba que me penetrara profundo mientras agarraba mi culo grandote, que era solo para él. Yo estaba cerca del orgasmo, seguí metiendo mis dedos y  con la palma estimulaba mi clítoris, le pedí que pronunciara mi nombre y me dijera que era su niña. 

No aguanté más, mojé mi mano con un chorro de fluidos que, resbalaron por mis muslos hasta las sabanas y salpicaron mi cama. No estaba satisfecha aún, él seguía masturbándose. Podía escuchar como estaba tenso y jadeaba, así que le pedí que se mojara la mano con mucha saliva, pensando que sería de mi boca, y empezamos a tocarnos al mismo tiempo, él gemía entrecortado, estaba cerca de venirse y mi clítoris estaba muy sensible. Imaginarlo pajeandose me hizo querer masturbarme muy fuerte y rápido.

Yo frotaba mi clítoris mientras oía su orgasmo, imaginaba como su semen salpicaba su cuerpo, no me contuve más, estallé de placer en un orgasmo aún más intenso que el anterior, estábamos exhaustos pero satisfechos y como si se tratase de un buen polvo reímos sin preocupación. Quedamos contentos de desearnos tan intensamente, de desearnos tan cerca y tan juntos, a pesar de estar tan lejo

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