🔊 El culito de siempre

Por Luisa Fernanda Sierra

¿Deseas aumentar la intensidad?

Escucha nuestro podcast y eleva el nivel de sensaciones:

¿Pueden creer que tengo el mismo amigo con beneficios desde hace casi cuatro años?

Hemos ido y venido a lo largo del tiempo, es como una relación intermitente llena de lapsos cortos de euforia, excitación y depravación. Sí, depravación, extrañamente contamos con los mismos gustos dominantes y desinhibidos en el sexo. Yo lo llamo: “mi culito de siempre”.

Con él he logrado obtener una libertad casi que imposible, cada que tengo ganas de una cogida salvaje, o cumplir alguna fantasía, es el primero que viene a mi mente, y por suerte, siempre está disponible para verme.

No conocemos de límites, no tenemos etiquetas y no sufrimos de algún asco o pudor. Eso se lo dejamos a las personas con déficit de comunicación.

Ya sea en mi cama, un motel, follando frente a otras personas o siendo insaciables con un tercero, con el culito siempre llego hasta el cielo.

El solo recordar nuestros cuerpos mojados en sudor, por el calor de tanta pasión, o su lengua jugando en mi entrepierna, me llena la mente de perversión.

Llevarlo al éxtasis

¿Han escuchado del punto P, esa zona de placer exquisito masculina, que se encuentra justo en el ano, y de la que muchos hombres han huido por años?

¡Tranquilos, no van a dejar de ser machos!

No se alcanzan a imaginar lo que puede lograr un de dedo y una buena estimulación. ¿Les cuento un secreto? A mi culito le encanta que le meta el dedito jaja y son insuperables las formas en las que se ha venido.

El dedo del placer

Una noche, de las muchas en las que nos hemos citado, llegó a mi casa, a lo que se supone sería una noche de película y vino, pero al primer contacto, se nos hizo inevitable no acariciarnos.

Comenzamos a besarnos, mordía con ganas mis labios mientras con sus manos acariciaba mis piernas, expuestas por un mini vestido.

Me acomodé en su regazo para tomar el control, amo apretar su cara y besarlo con agresividad, es como un pequeño jugueteo coqueto, nuestra marca personal.

Él metió sus manos en mi cabello para agarrar con firmeza, voltear mi cabeza y besar sexymente mi cuello, si hay una parte sensible en mí es esa, y siempre parece manejarlo con destreza.

Poco a poco deslizaba sus labios húmedos por mi pecho hasta llegar a mis senos, los cuales desenvolvió de un sopetón, para comenzar a lamerlos con fervor.

Pasaba su lengua de manera circular por mis pezones, rápido y lento, rápido y lento, buscando hacerme perder la calma.

Me tiró a la cama, para bajar lentamente por mi abdomen y con su boca quitar mis interiores.

¿Ya saben a lo que vamos?

Sí, hubo 5 minutos en los que su boca se concentró en mi vulva y su lengua en mi clítoris. Pero esa no es la premisa, ahora era mi turno.

Clímax prematuro

Lo saqué de mi entrepierna para subir a él, lo empotré y metí su pene en mi vagina, mientras hacía movimientos circulares con mi cadera y él gemía de placer, decidí usar mi mano derecha para tocar sus testículos y no dejarlo de satisfacer.

Me volteó para ponerse sobre mí, subió mis piernas a sus hombres para obtener una profunda penetración y yo estaba volando de excitación.

Cada vez le pedía que lo hiciera más y más rápido, que me follara fuerte como si no fuera a volver a verme. Mientras él metía su verga en mí, yo agarraba su culo firme y sexy.

Antes de hacer que se viniera, me bajé, buscando aumentar más la temperatura, comencé a besar su torso, su abdomen, su pelvis y luego los mismos testículos que hace unos minutos estaba acariciando.

Mientras que con mis manos masturbaba su pene, su delicioso pene, con mi lengua jugaba en la parte inferior, tanto así que llegué a su nies.  

Al hacerlo, noté como su cuerpo se contraía y sus vibraciones crecían, sabía que ese lugar “a veces tan intocable” le estaba incrementando el placer.

No lo dudé mucho antes de escupir mi mano y comenzar a estimular su ano, suavemente usé mi índice para frotar la zona y tratar de relajarlo.

En ningún momento me paró, así que discerní que le gustó, además, sus gemidos me dejaban afirmarlo.

Mientras yo aumentaba el ritmo, él apretaba sus pezones, estaba tan arriba que vi el momento perfecto para introducir delicadamente mi dedo.

Escuché inmediatamente un:

¡Oh sí, sigue haciéndolo, no pares!

Mientras continuaba con la introducción en su zona trasera, utilizaba mi boca en su pene, un delicioso dos en uno, todo lo necesario para alcanzar un clímax prematuro.  

Estaba tan, tan, duro que pasaron solo dos minutos antes de que su esperma quedara en mi boca.

Esa noche hice a mi culito de siempre gritar de placer al tocar su próstata.

Luego de eso hemos seguido practicándolo en diferentes lugares, de distintas y con otros objetos, como masajeadores.

Recuerden que ese es su punto de excitación más fuerte, así que explótenlo.

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