Sexo oral

🔊 Un oral sobre ruedas

Por Luisa Fernanda Sierra

¿Deseas aumentar la intensidad?

Escucha nuestro podcast y eleva el nivel de sensaciones:


Siempre me he considerado un hombre bastante activo, con una lívido sexual por los cielos y un instinto casi que animal con las mujeres. Para ser sincero, me gustan de todos los tipos: altas, bajas, blancas, morenas, flacas, trozas… eso sí, que tengan ese toque especial, ese sexapil intrínseco y misterioso.

Mi forma de ser me ha llevado a pasar por chicas fantásticas, unas más que otras, pero siempre aludiendo al sexo sin tapujos, sucio y sudoroso, como naturalmente debe ser.

Soy de mente muy abierta, directo y conciso cuando quiero algo, por eso, cuando veo a una chica que me gusta y deseo cogerme le hablo con sinceridad. He corrido con la suerte de saber identificar a las nenas que buscan lo mismo que yo, en mi celular tengo unos cuantos contactos a los que recurro cuando las ganas desenfrenadas me atacan.

La sexy Carol

Una noche como cualquiera, me sentí tan excitado por algo que leí que masturbarme no era una opción, quería el contacto, la carne, el calor que te genera la interacción con otro, así que abrí mis chats y busqué a Carol.

Carol era una chica que se había cruzado en mi vida hace un par de años, con quien siempre me citaba para follar cuando regresaba a la ciudad tras trabajar por fuera.

Ella nunca me fallaba, siempre era un sí rotundo y 3 horas de placer exquisito y descontrolado, pero esta vez no teníamos un espacio en el cual hacerlo, estaba de visita donde mis padres y ella tenía su casa llena, ¡Vaya dilema! Pero no podía dejar pasar el momento, me sentía tan caliente que el sólo pensar en lo que podríamos hacer al vernos me generaba una gran erección.

La carretera del placer

Prendí mi carro y le dije que en 10 minutos pasaba por ella, así, sin ponerle mucha mente, sólo dejándome llevar, ya luego de estar juntos buscaríamos el lugar. Al recogerla, comencé a manejar sin rumbo, nos mirábamos y bromeábamos con tal picardía que no dejaba de decirle cuánto la estaba deseando en ese preciso momento.

Ella, sacando su lado malicioso, se tocaba y mordía los labios lasciva y suavemente, no había duda que estaba tan prendida como yo, siempre me pasa con ella, estamos como conectados sexualmente.

Encontramos un mirador a las afueras de la ciudad y dije: ¡Es el lugar perfecto!, poco circulado y con esa adrenalina que genera el hacerlo en un lugar público.

Nos bajamos del auto a “mirar estrellas”, obvio no, en mi mente sólo estaba el arrancarle su ropa interior, agarrarle su redondo culo, acariciar su estrecha vagina y metérselo tan duro como para hacerla gritar de placer. Sin embargo, ella tuvo una mejor idea:

¿Te han hecho sexo oral mientras manejas?

Me preguntó, y yo no tenía recuerdos cercanos de haber vivido esa experiencia, así que le dije que no y que me encantaría que fuera con ella.

Tras mi respuesta, nos comenzamos a besar apasionadamente, estábamos sobre el capó de mi carro, al lado de una carretera principal, en ese momento poco transitada convenientemente.

Ella tenía una falda corta, le encanta usarlas y se le ven muy sexys, así que aproveche la soledad del lugar y me arriesgué a meter mis manos entre sus tangas para comenzar a acariciar su clítoris, al hacerlo, me di cuenta que estaba muy mojada, así que usé su lubricación para hacer los movimientos más placenteros y fluidos, posteriormente, metí mis dedos.

No se imaginan lo mucho que disfruto darle placer a una mujer, ver sus gestos, escuchar sus gemidos y sentir su temperatura. Me tocó parar, se acercaban varios automóviles, entre ellos una patrulla, así que de seguir muy probablemente nos hubieran descubierto.

Lengua poderosa

Decidimos subir al auto, ella me miró y sonrió afirmando:

“ahora me toca a mí”

así que prendí motores y me puse en marcha, sentí segundos después cómo ella acariciaba mi pene erecto a través de mis pantalones, se notaba mucho, si de algo puedo alardear es del buen tamaño de mi “amiguito”, se quitó el cinturón de seguridad y se inclinó hacia él y con su boca comenzó a morder suave, sin quitarme nada aún, procuraba ponerme lo suficientemente hot antes de su show central.

Comenzó a bajarme el cierre del pantalón y sacó de entre mis bóxer empapados mi pene para pasarle la punta de su lengua con tanta lentitud que mataba, la movía en círculos alrededor de toda su cabeza, yo no sé cómo logré mantener la concentración al volante y seguir manejando.

Mi corazón martillaba mi pecho, mis piernas temblaban y pasaban corrientes rápidas a través de mi torso, como pude hice una maniobra peligrosa para bajarme el jean y dejar la zona despejada buscando una mayor comodidad.

Es indescriptible la manera en la que Carol logra siempre cogerme con tanta naturalidad y destreza, tiene tácticas infalibles y una lengua que hace milagros.

Cogió la base de mi pene y se lo introdujo a su boca por completo, mientras su lengua se movía como serpiente al mismo tiempo, yo me sentía en el cielo.

Mi mejor venida

Con una de sus manos hacía movimientos giratorios mientras la otra tocaba y apretaba mis bolas, ella logra integrarlo todo al mismo tiempo para generar rápidamente toda una explosión. Y claro, no tarde mucho en venirme.

Mientras movía su cabeza entre mis piernas yo sólo pensaba en poder aguantar un poco más, pero me fue imposible. Pasaron sólo 5 minutos desde que inició y yo ya estaba retorciendo los ojos.

– Me voy a venir, ¿puedo hacerlo en tu boca?, le dije casi entre los dientes

– Claro que sí, respondió ella.

Traté de orillar el carro como pude para terminar con tranquilidad, no logré evitar gritar suave y temblar al hacerlo, sin duda, uno de los mejores sexos orales que he podido tener, ella quedó con su boca llena de semen, tan sexy como siempre y preguntándome:

– ¿Te gustó?

Compártelo
WhatsApp
Twitter

0 Me gusta

Deja una respuesta

ENVIA TU COMENTARIO

Para poder enviar tu comentario debes estar registrado.

Puedes crear/acceder a tu cuenta aqui:

ENVIA TU RELATO

Para poder enviar un relato debes estar registrado.

Puedes crear/acceder a tu cuenta aqui: