La llamada

Escrito por: Marcela Mora

¿Quién no ha sentido curiosidad, por diferentes tipos de razones, a participar en una red social para conocer gente, amor, amigos o sexo?, así empecé yo, creando un perfil en una página para solteros, buscando un supuesto amigo que se convirtiera en algo más que un encuentro casual.

Al igual que todos colgué en aquel sitio de internet mis tres mejores fotos, donde dejaba ver lo mejor de mis curvas, mi rostro cautivador, una mirada penetrante, dulce y un tanto traviesa.
En principio muchos “likes” aparecieron en las notificaciones de mi celular,  aparecieron chats de todo tipo, desde los tipos con un aire a tenerlo todo y conocer todos los lugares del mundo; menos el mío, unos raros sacados de películas de terror, con los cuales no me atrevería a tomar un café a plena luz del día y con mucha gente alrededor, chicos buscando solo fotos desnuda o listos para incluirme en sus más extrañas fantasías sexuales y algunos hasta pidiéndome tips para tener un cabello sedoso.

Decepcionada después de unas semanas en la app y tras no aparecer nada mejor que un trio ofrecido. Decidí cerrar la aplicación y dejarle a la vida mi nuevo amor, que fuera amigo, cómplice y amante, para hacer mi propio triangulo sexual; justo cuando tome la decisión llego un mensaje “Rolando y tú han hecho match”, dudosa entré al perfil, me había enviado un mensaje: “hola, tienes lindas fotos eres bajita justo como me gustan”, puso una carita feliz y me dejo su número celular, leía aquel mensaje mientras espiaba las fotos un hombre maduro, con brazos marcados del gym, barba no tan abundante y ojos negros con pestañas rizadas. Tomé su número y Salí para siempre del chat aquel.

Esa noche le escribí: “ hola me dejaste tu numero en el sitio de citas me llamo Diana” tres segundos después me respondió: “te fuiste no me diste tiempo de platicarte” supe que no era de mí mismo país, hablamos por varios días, intercambiamos ideas, yo miraba intensamente la única foto que descargue de la red mientras habla con él, una foto sin camisa, esos brazos, esa boca que me imaginaba besando, un pectoral marcado y unas manos grandes, no dejaba de pensar como tocaría mis senos si estuviera frente a él.

Entonces sin pensarlo, le envíe una foto en ropa interior su estado era en línea pero no escribía, me llegó un audio donde decía: _ ¿puedo ver un poco más? escuche muchas veces esa voz, un poco ronca con acento Mexicano, me mojé enseguida, me fotografié en el baño y le remití una muy sugestiva, mi trasero con una tanga chiquita mis senos al aire y mi espalda marcada.

Pasaron varios minutos y me llamo _ ¿estas caliente? le dije _ sí, _ quiero que te toques me decía, _estoy en mi oficina estoy mirando tu foto, de verdad que estas como quieres, me estoy masturbando solo para ti ricurita. Me calentó mucho escuchar su voz, me tocaba los senos, _ quiero comerte, no sentía esto hace rato, me envolvía en sus palabras, excitada me acaricie el clítoris, comencé a gemir suavemente: me dijo _ ¿vas bien? ¿tienes mojado ese coño para mí?

No podía ni hablar, con voz suave le dije _ !usted me excita! me envió un video de su verga erecta con un poco de semen en la punta, me mojé un poco más, apreté las piernas, él podía escuchar todos mis gemidos, le dije _ quiero me penetre y me coma rico, _ siente como te doy, me masturbaba con cada palabra, me hacía mojar cuando decía: _ mueve esos dedos ricos, te puedo imaginar aquí con tus tetas en mi boca, chupándote los pezones, aprieta duro ese coño que me quiero correr. Me acariciaba tan duro, _ chupa mis senos, y me metí duro un juguete que me acompañaba.

Tenía los senos duros, le decía _ me gusta, no pares, que rico debes follar. Moví varias veces ese juguete como si fuera la verga de Rolando, a través del teléfono repetía _ que rico, quiero tenerte en cuatro sentir ese fluido en boca y montarte duro. Cerré las piernas y le dije, me vine que mierda, eres demasiado placentero espérame, me contesto, aún quiero sentir tu voz excitada, goza para mi Diana quiero meterte la lengua, los dedos, sentirte toda mojada estrecha hacerte mujer, no podía aguantar más me hizo llegar de nuevo.

¡No hagas eso, me estoy viniendo más! apretaba mi clítoris, me salía agua de la vagina, se desprendió de mi un poco de un fino liquido de color blanco, grité _¡uy no que rico que me hablas! escuché un gemido que venia del otro lado del teléfono, un silencio profundo y colgó.

Desde aquella llamada no recibo ni una foto, ni un mensaje aún me toco con su video masturbándose y escucho cada audio donde me pide más y me sigo mojando con sus audios como pocas veces lo he hecho. En mi mente divaga el Rolando y llego fácilmente al clímax. ¡Uy nuevamente me mojé!

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