Mi compañero de oficina

Por Daniela Mendoza

Escrito por Marcela Mora

Siempre he sido un poco reservada para hablar de todos mis gustos, como por ejemplo que me gusta la primera sensación que dan las sabanas limpias y blancas cuando me acuesto y rozan mis senos, lo mismo pasa con mis deseos oscuros que conocen solo pocos, es cierto una mujer con treinta y tantos años que ha vivido cierto tipo de cosas y está dispuesta a vivir un poco más. De repente se convirtió en ser más selectiva para escoger sus parejas sexuales.

Sin embargo, desde hace unas semanas existe un hombre que perturba mis sueños, que roba mis miradas, con la que mi mente juega con besos imaginarios y el toque inesperado de sentir sus manos en mis pechos, él es Adrián mi compañero de oficina un hombre de 42 años, de estatura promedio y cabello canoso, con el que ni siquiera cruzo el buenos día de la mañana.

Debo confesar que cuando llegó a la oficina se veía un poco tímido y nervioso, se acarició el cabello se acomodó la corbata y sonrió amablemente para entrar en confianza con sus nuevos compañeros de trabajo. Cuando lo vi sentí un pequeño corrientazo entre mis piernas y no pude dejar de ver sus manos grandes cubiertas por esos vellos casi marcados de color negro. De aquel instante recuerdo el olor de su colonia maderosa que me hipnotizó por un instante, desde ese día nos hemos cruzado un par de veces en la copiadora y no me pregunten por qué, pero su presencia siempre me excita, puedo notar como él también se siente incómodo junto a mí.

La última semana he usado ropa un poco más atrevida buscando que mi colega se fije un poco en mis curvas definidas, me osé en usar un escote en mi mejor vestido que, marcaban de manera sugestiva cada parte de mi cuerpo y lo conseguí, ese día sorprendí a Adrián mirándome el trasero de manera discreta, se acercó sutilmente al cubículo del lado y de reojo echo un vistazo en la abertura de mi vestido.

Tomó unos papeles y se sentó como si nada, me sentí un poco un ignorada y baje la guardia de la mujer seductora, el día transcurrió completamente normal y por cuenta del cierre contable esta noche he salido un poco tarde, pase cerca de la oficina de adrián y desde lejos lo vi, percibí como su mirada me acompañaba hasta a llegar al baño, me puse un poco de labial, esperé cerca de 10 minutos para salir y encontrármelo por casualidad en la puerta.

Efectivamente sucedió así, con su voz tan masculina me ha dicho: “que tal vas Emma” nerviosa conteste: “bien” paró frente a nosotros el ascensor, el cual abordamos juntos, yo llevaba mi chaqueta en la mano que accidentalmente solté, me incliné para recogerla y ahí estaba él, levantándola, nuestras miradas se encontraron y de repente lo besé, nuestros labios se fundieron en un largo beso, sentí como su mano izquierda se deslizaba por debajo de mi espalda mientras la derecha acariciaba el borde de mi pecho, de repente sentí el palpar de sus dedos en mis pezones y sonriendo murmuró “quería tocarte hace tiempo,”.

Estaba fundida en un éxtasis de placer besaba mi cuello y mis manos se deslizaron casi que al ritmo de su respiración hacia su bragueta, sentí su erección caliente y húmeda, que me anticipo lo que venía después, con su mano bloqueo el elevador, tiró mi chaqueta al piso, hice a un lado mi bolso, de repente me tomó por el cabello, suavemente me subió la falda un poco y acarició mi entre pierna. Sentía varios impulsos en mi vagina, mientras tanto, se desprendía una humedad cada vez que él introducía un dedo en mí.

De espaldas él jugaba conmigo, con todo mi cuerpo, se ponía cada vez más duro cuando sentía la fricción de mis piernas, mis manos estaban sobre las suyas, las sujeté con fuerza cuando se fundía en mí, soltó un gemido de placer, se agito con tanta fuerza que no podía evitar correrme. Me tenía por la cintura, subí las manos al espejo para acomodarme un poco, me habría lentamente las piernas, me sujetaba un seno que apretaba duro cada vez que me hacía suya, me susurro al oído “quiero follarte más”, imaginé varias veces ese instante y dije si con mi cabeza, en forma de aprobación.

Me sujetó fuerte, en un instante pude sentir como mi propia estreches y mi ropa interior se apretaban con su polla caliente que, entró y salió en un par de movimientos en mí, mientras gemía y decía: “te deseaba”. No pude aguantar mucho, estaba más que caliente, tan estimulada que disfrute cada movimiento y me corrí. Se desprendió un chorro que mojo todo su pene grité. ¡no pares que llego!, mordí un poco su dedo que tapaba mi boca; le repetí penétrame un poco más.

Del tímido compañero no quedaba nada, estaba desenfrenado se escuchaba su respiración, sus quejidos envolvían mis sentidos, mis fluidos bajan cada vez más con su ultimo movimiento arrojó un lamento, llegamos juntos al clímax. Me tomó por la cintura y pasé de estar apretada de la esquina del elevador al centro, me bajó el vestido me dio un beso suave a la orilla de la boca diciendo: “Emma”.

Pude ver su polla aún un poco levantada, la rocé con mi mano y le di una pequeña caricia oral antes de ser guardada, subí el cierre con mi boca, lo miré inclinada y me puse de pie, le acaricie suavemente el borde su pantalón, recorrí su camisa y antes de llegar a su boca le dije: “Adrián”.

Me acomodé el cabello, levanté mi bolso, limpié mis labios, me miré en el espejo la última vez, sonó un clic se abrieron las puertas, me dio una pequeña y juguetona nalgada, me sujetó de la mano y me dijo te veo mañana en el café de la esquina después de las 5.

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