Vecina sexy

La vecina sexy

Por Valentina Vargas

Siempre le he tenido ganas a mi vecina sexy del apartamento de al lado. Me vuelve loco esa mujer. Cada que la veo entrar de hacer ejercicio, es incontrolable las ganas que me dan de darle por el culo cuando la veo con esos shorcitos apretados y esos tops que dejan sus pezones al descubierto.

Para poder saludar a mi vecina sexy día de por medio o casi todos los días, me aprendí su rutina diaria. Como tengo teletrabajo, entonces puedo verla tooodo el día si quiero, me masturbo pensando en ella con esas lycras que marcan su vagina cada que sale a trotar, a hacer sentadillas, es una cosa loca.

Se que se levanta a eso de las 6 a hacer ejercicio, corre por acá cerca y luego usa el gimnasio de la unidad para ponerse más mamacita. Ella sabe que tiene a más de uno babeando, pero yo tengo algo que los demás no tienen: vivo justo al lado.

Después de espiarla por varias semanas, o más bien, varios meses, me le acerqué mientras estaba entrando a la unidad y nos topamos en el ascensor.

-Hola, ¿a qué piso vas?

-Hola, al quinto, gracias.

-Yo también vivo en el quinto piso. Mucho gusto, me llamo Carlos.

-Hola, Viviana.

Viviana, ese nombre se quedaría en mi mente como el nombre de mi vecina sexy, la mujer que me hace masturbarme casi todos los días con ese cuerpo de reina que tiene.

-Yo vivo en el 501, si necesitas cualquier cosa me puedes pedir ayuda.

Ella sonrío y me dijo: gracias Carlos, lo tendré en cuenta.

Nos despedimos y luego de eso me encerré en el baño para ver porno y pensar en Viviana, en mi vecina sexy del 502.

Después de unos días de trabajar en casa y tocarme en nombre de Viviana, sonó el timbre de la puerta. Pensé que había sido el domicilio, pero en lugar de eso, era ella.

-Hola Carlos ¿cómo estás?

-Hola Viviana, bien. Necesitas ayuda con algo.

-Sí, lo que pasa es que se me dañó una tubería del lavadero. ¿Me puedes ayudar con eso?

-Claro, dame un momento.

Me arreglé rápido, me cepille los dientes y toqué su puerta para ayudarle. Cuando fui al lavadero, vi sus tangas secándose junto a su ropa deportiva. Tuve una erección de una. Eran unas tangas azules diminutas y un top de color rosado. Me la imaginaba con eso puesto y era inevitable dejar volar mi imaginación. Pero me tenia que contener porque mi vecina sexy necesitaba de mi ayuda.

Así que traté de calmarme y me concentré en su fuga de agua. Era una simple bobada, se le había zafado el tubo de la lavadora y el agua se estaba regando. Cuando puse el tubo donde era me agradeció con un beso en la mejilla y me dijo que esa noche iba a hacer una pequeña reunión con sus amigos. Que estaba invitándome para agradecerme el favor. “Claro que sí”, le dije.

Llegó la noche y cuando vi que había varias personas en su apartamento, timbré. Ella me abrió, estaba con un jean apretado, una blusa cortita que dejaba ver su ombligo y unos tacones rojos que me ponían a volar imaginándola desnuda, pero usando esos zapatos.

Me recibió las cervezas que le había llevado y me invitó a pasar.  Me presentó y comencé a hablar con sus amigos. Estaban celebrando el cumpleaños de una de sus amigas. Se tomaron fotos, jugamos UNO, beer pong y otros juegos más que nos hacían tomar como locos.

Cuando acabó la noche y sus amigos se fueron, mi vecina sexy me agradeció por haber ido y me dijo que teníamos que seguir viéndonos para salir y pasarla rico. Me ofrecí a ayudarle a acomodar el apartamento con la excusa de verla un rato y aprovechar la oportunidad para besarla y decirle lo que sentía.

Terminamos de acomodar la sala y fuimos a la cocina. Cuando estaba lo suficientemente cerca, me acerqué y la besé. Ella me quitó y me empujó diciéndome que no debía mal interpretar las cosas, que solo me quería como un amigo y que apenas nos habíamos conocido. Pero luego vi como seguía mirando mis labios, así que la agarré fuerte y la besé mientras mi pene rozaba su vagina y mis manos rodeaban su cintura. Ella me tocaba los brazos y su respiración me decía que estaba excitada y que quería más.

La cargué hasta la sala y le quité la blusa, dejando ver sus pezones color café, parados, deliciosos. Me quedé besando sus senos hasta que me quitó y me bajó el pantalón. Me besaba como toda una diosa. Ponía sus manos sobre mi pene mientras su mirada estaba clavada sobre la mía. Estuvo chupándomela hasta que se quitó el jean, me puso el condón que le di y se sentó encima de mí para tener sexo toda la noche.

En mi mente, los pensamientos eran tan cochinos que no podía decirle nada. Solo pensaba en que al fin me estaba comiendo a mi vecina sexy, a viviana, la vieja que me la pone dura cada que la veo con esa ropita apretada. Luego de hacerlo un rato de esa pose, la puse en 4 y la clavé por poco tiempo. Estaba tan excitado que el sexo que tuvimos fue corto pero placentero. Le dije que me perdonara pero que tenia ganas de venirme. Ella lo comprendió y para no hacerme sentir mal, me dijo que nos viniéramos juntos.

Así, que la acosté en el sofá y mientras ella tocaba su clítoris y se mojaba mucho, me decía que ya iba a llegar. Tome aire por un momento y esperé a que se viniera para luego venirme yo. Su vagina se mojó tanto que mi pene entraba y salía repleto de sus fluidos y ella gemía de desesperación.

Cuando ya sentí que había acabado, me acosté y al sentir sus tetas contra mi pecho me vine adentro de ella. Me quedé mudo hasta que salió todo y pude respirar para sentir el orgasmo por todo mi cuerpo.

Terminamos sudados y el sofá repleto de su lubricante. Me limpié y luego limpié el sofá mientras ella estaba en el baño arreglándose.

Me vestí y cuando me fui a despedir de ella, me dijo que me esperaba al otro día para que le ayudara a arreglar el desorden. Nos reímos y me fui a mi apartamento ganoso por pegarle otra culiada mejor que dejara a mi vecina sexy pidiéndome favores todos los días.

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