Un matrimonio abierto y muy caliente

Por Bali Club

Texto enviado por uno de nuestros suscriptores*

Hola a [email protected], desde hace algún tiempo tenía ganas de escribir un relato de estos, siempre que leo alguno, imagino las cosas que he disfrutado en mi vida y que me encantaría contar, sé que muchos se van a calentar con lo que van a leer.

Mi nombre es Adriana, tengo 45 años, soy blanca y tengo el pelo negro como hasta los hombros, soy una mujer bonita, eso dice mi esposo, no soy muy alta, tengo unas lindas piernas que hacen que más de uno voltee a ver cuando voy por la calle con falta y tacones, me encanta vestirme así.

Tengo un culo paradito que algunas veces me manosean cuando voy muy apretada en Transmilenio, eso me encanta, sentir que manos desconocidas se cuelan por debajo de mi falda tratando de meterme el dedo, tengo unas tetas muy ricas, no muy grandes, pero perfectas, cuando me las chupan se ponen duritas y deliciosas.

Mi delicioso esposo

Sigo con la presentación, mi esposo, Darío, él tiene mi edad también, pero la verdad es que ninguno de los dos parecemos de más de 35.

Es un hombre muy alto, elegante, que si lo ven algún día en su oficina no imaginan el polvazo que es, es un ejecutivo muy exitoso, que vive siempre muy pulcro, tiene unas manos increíbles, con ellas me ha regalado más de un orgasmo, tiene una piel muy suave, la verdad no he conocido ningún hombre tan delicioso, tiene una verga espectacular, mide como 21 centímetros y al parecer de tanto culear cada día la tiene más gruesa.

Este es nuestro segundo matrimonio, nos entendemos a la perfección, y hemos tenido algunas experiencias de intercambio, unas han sido un verdadero fracaso, pero la que hoy les voy a contar, es de las mejores que hemos vivido juntos, y que nos ha dado confianza para querer probar más.

Darío es el del trabajo sucio, así le digo yo, porque, aunque siempre estoy dispuesta a una buena faena, los contactos casi siempre son primero con él, podríamos decir, que él hace el filtro.

Cuando decidimos entrar en este mundo nos dimos cuenta que hay que tener mucho cuidado, no todas las parejas tienen las cosas claras y más de una vez hemos dado con hombres que solo quieren aprovechar las ganas.

Así que, haciendo su tarea, muy juicioso, Darío conoció a Armando en Guía Cereza, estaba buscando una pareja para intercambio, tenía una “amiga” dispuesta y nos gustó, la vieja se veía que era una flaca rica, como de unos 30 y tantos años, muy ganosa, se notaba que mamaba verga muy rico y le gustaba mucho.

Por su lado, Armando en las fotos se veía que tenía buena verga y hablando con la amiga decía que la clavaba muy rico, solo había un detalle que no me gustaba mucho, Darío siempre esta rasurado y eso me encanta, ver una verga muy limpia, sin un pelito para poder mamarla mucho y sentir como se pone dura en la boca es lo mejor, pero Armando no se rasuraba porque era casado y eso despertaba sospechas con su esposa, que no era la amiga para el plan.

Intercambio candente 

Empezamos a hablar con Armando, a intercambiar fotos, y cada vez me daban más ganas de probar esa verga, la verdad es que nuestras conversaciones eran muy calientes y casi siempre terminaba masturbándome cuando imaginaba como me iba a partir esa vergota cuando me clavara.

Darío también estaba super arrecho con esa pareja, y la amiga de Armando muerta de ganas de que mi marido se la comiera todita.

Cuando hacíamos el amor hablábamos mucho de cómo sería, cómo se la cogería, cómo se la iba a clavar cuando estuviéramos todos en el inter, pero resulta que la amiga de Armando se adelantó y no aguanto las ganas de probar la verga de mi marido, así que con mi permiso se la comió a escondidas de Armando, pero ese no es este cuento, ese será otro relato que les dedique más adelante.

Pasó algún tiempo y Armando siempre ponía trabas para el inter: qué no podía, que el sábado, que a medio día, y pues nuestros horarios no coincidían, estaba muy complicado, además quería solo conmigo y no que hiciéramos intercambio con la amiga de él y mi marido, sino volados, y esa idea no me gusto, porque siempre compartimos nuestras experiencias y aunque los otros crean que estamos a escondidas, la verdad es que nos contamos todo.

Un día cualquiera volvió a aparecer Armando con una nueva amiga, que ahora sí, que hiciéramos el intercambio, y pensé con Darío: “pues hagámosle separados a ver cómo nos va primero”, y así planeamos que yo me veía con Armando y Darío con la nueva amiga que es una costeña llamada Clarita de 40 años, bajita con buenas tetas y un culo espectacular.

Darío estaba con muchas ganas de darle una buena clavada, la idea era que Armando me recogía y nos íbamos a un motel y Darío haría lo mismo con Clarita y luego rematábamos en la casa los dos compartiendo nuestra experiencia.

Citas separadas 

Todo estaba listo, ese día me puse un vestido corto negro, con medias de ligero y unas tangas que apenas si me tapaban la chocha, todo el día estuve muy caliente esperando estrenar verga, Darío estaba igual, chateábamos y me decía que tenía la verga muy parada, que quería chuparle mucho las tetas a Clarita, estábamos a mil, la cita era a las 5:30 en Chapinero.

Pero ya eran casi las 4:00 y Armando no aparecía. Cuando ya casi era la hora de irme, llena de ganas de una buena culeada, apareció con un mensaje de WhatsApp que decía “Lo siento, no pude escaparme, ¿puedes el sábado?”.

Mientras tanto, Clarita ya estaba lista y Darío se iba a encontrar con ella, acaso ¿me iba a quedar en mi casa con esas ganas que tenia de verga, y mi esposo estrenando chocha? No, definitivamente no.

Cuando le conté a Darío me dijo que entonces cancelaba el plan con Clarita y le dije que no, que mejor le preguntara que tal si hacíamos un trío y él me dijo que pensaba que no se le media, además Armando la tenía con el cuento que estaba fuera de la ciudad. Pero para nuestra sorpresa, aceptó.

No lo podía creer, se me mojaron mucho más mis calzones cuando Darío me dijo que listo que nos íbamos de trío. Mi esposo puede aguantar mucho, come con ganas lo que le pongas en frente, así que pensé, ¡perfecto!

Trío fortuito 

Nos vimos con Darío primero, en la estación de Trasmilenio de la 63, porque estábamos sin carro ese día, debo confesar que estaba muy nerviosa, igual siempre nos pasa cuando vamos a conocer nuevas personas, no sabemos con qué nos vamos a encontrar.

Había mucha gente y casi no la encontramos, Darío la reconoció, estaba con el pelo cogido con una moña, llevaba un pantalón negro y una chaqueta ajustada, me impresionaron sus ojos verdes, es una mujer muy linda. Con ese pantalón igual se notaba su culo delicioso.

Ella también estaba muy nerviosa, decía que había tenido tríos antes pero que igual la primera vez, la expectativa te gana, mi esposo tenia los labios hinchados y rojos como cuando está muy arrecho, igual se le pone la verga, muy dura y caliente.

Compramos una botella de vino para romper el hielo y estar un poco más relajados, la verdad no bebemos mucho, pero la ocasión lo ameritaba. Llegamos al sitio y cuando cerramos la puerta, inicio el primer trío de los mejores que hemos disfrutado, porque cada vez se pone mejor.

Clarita se quitó la blusa y sus tetas se salían de un brasier negro que las estaba aprisionando, Darío se hizo detrás de ella y empezó a manosearla, se veía delicioso, siempre disfruto mucho ver una mujer arrecha y dispuesta a disfrutar de la verga de mi marido.

Yo le serví una copa de vino y mientras Darío le metía la mano en las tetas, yo empecé a quitarle el pantalón, tenía la chocha muy caliente, se veía como estaban mojados los calzones sin siquiera tocarla.

Luego, Clarita dio la vuelta y entre las dos empezamos a desnudar a nuestro hombre, que nos iba a hacer gozar hasta quedar exhaustas. Tenía la verga super parada, se salía de sus bóxer, Clarita fue la primera en querer probar, así que se la metió toda a la boca y le dio una mamada deliciosa.

Mientras tanto, Darío me besaba y me metía la mano por debajo de la falda, yo estaba que me reventaba, me quitó el vestido y me dejó en la ropa interior, yo le ayudaba a Clarita, las dos arrodilladas en el piso disfrutábamos mamando al tiempo la verga descomunal que tenía mi marido lista para la faena.

Nos besábamos y los tres nos acariciamos mucho, las tetas, el espectáculo del culo de Clarita, Darío estaba que se moría de ganas de rompérselo esa misma noche.

Pusimos a Clarita en la cama, me encanta chupar los jugos de una chocha muy ganosa como esa, es una delicia dejarla llena de saliva para que entre mejor la verga de Darío. Mientras yo probaba lo que se iba a comer mi marido, él la besaba y le chupaba mucho las tetas, era como un bebé queriendo sacarle leche, solo gemíamos los tres, estábamos disfrutando al máximo.

Excitación al máximo 

Cuando ya no aguantaba más, casi se viene con mi lengua, le abrí mucho las piernas y le ayude a mi esposo a que se la metiera completa en esa chocha que se iba a reventar de ganas, solo escuché un grito cuando sintió que Darío la estaba llenando con esa verga caliente, delicioso.

Así, mientras Darío le daba muy duro a Clarita, yo los besaba, puse mi chocha en la cara de Clarita para que me la chupara también, estaba muy mojada, el ritmo que llevábamos era delicioso, Darío gemía con cada embestida que le daba y ella me clavaba más la lengua, cada vez la tenía más profundo en mi chocha.

Estuvimos en esa posición poco rato, porque cambiamos constantemente, Darío dejaba de clavarla y me pedía que me pusiera en cuatro para también clavarme con fuerza, cuando estoy así, al borde de la cama, él levanta su pierna y me domina, siento siempre que no puedo ni moverme, como si me fuera a partir ese mástil caliente que me quema por dentro.

Cuando me tenía en esa posición, yo lamia todos los jugos de Clarita, esa chocha sacaba unos chorros deliciosos.

Nos turnábamos Clarita y yo para descansar, porque Darío tiene una energía inagotable, así que servíamos vino, y seguíamos, los tres nos besábamos mientras yo le metía la mano a Clarita y la masturbaba muy fuerte, ella decía que estábamos muy ricos, que quería más.

Darío me pidió permiso para romperle el culo, ella estaba tan arrecha, tan mojada, que se puso en cuatro y me dejó prepararle el culo para mi esposo, entre los dos lo chupamos y dejamos bien lubricado, luego, Darío se puso detrás y de un solo empujón le metió completa la verga que estaba que se reventaba de ganas, solo un grito más, y empezó a gozar.

Mi esposo le daba cada vez con más fuerza y ella solo pedía que no dejara de hacerlo, yo estaba haciéndole un delicioso oral, un 69 hacíamos las dos, mientras Darío no tenía piedad con ese par de nalgas.

Darío se acostó y yo lo cabalgué delicioso, sentía que me iba a venir en cualquier momento, entonces me bajé e inmediatamente Clarita se montó, quería que también le diera así, se puso de espaldas y se metió la verga completica, se movía como un demonio, estaba gozando todo.

En esa posición, Clarita tuvo su segundo orgasmo, se mojaba tanto cuando se venía que dejó empapado a Darío. 

Estuvimos cambiando de posición durante casi dos horas, Darío no quería derramarse aún ya que quería comer todo lo que pudiera, mientras descansábamos nos tocábamos acostados los tres en la cama, no podíamos dejar de hacerlo, pero el agotamiento físico era bastante.

Clarita le había pedido a Darío que la dejara llenita de leche, que le gustaba mucho, y me pidió permiso para que lo dejara, así que le dije que podía derramarse en esa chocha que tantas ganas tenía irse llenita.

El mejor de los orgasmos

La tenía acostada y le estaba dando durísimo, con las piernas abiertas, ella gemía de las ganas de leche, Darío ya se iba a venir, yo le chupaba las tetas a Clarita mientras le decía que disfrutara el regalito que le iba a dejar y animaba a mi marido para que se derramara.

Entonces llegó, un orgasmo delicioso los dejo satisfechos, Darío llenaba esa chocha y yo me masturbaba con el espectáculo.

Cuando se levantó, yo me puse encima de Clarita y empecé a restregar nuestras chochas, ella llena de leche y yo con ganas de un poquito también, sentía ese clítoris muy hinchado y toda la leche que se derramaba y me llenaba a mí también, fue uno de los mejores orgasmos que he tenido, era una sensación única, los tres nos quedamos tumbados en la cama, exhaustos y satisfechos.

Estábamos tan cansados que nos quedamos dormidos y cuando despertamos ya era tarde, así que Clarita se despidió y nos dio las gracias por lo bien que la habíamos pasado, nosotros quedamos encantados también con la experiencia.

De lejos la mujer más rica con quien compartimos trío. Cuando llegamos a la casa, Darío ya estaba otra vez con su verga paradota y obviamente no me iba a dejar dormir sin darme un poquito de leche también.

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